

En medio de los restos arremolinados de lo que alguna vez fue la realidad, una pequeña gota dorada de yema de huevo, que lleva un trozo de su cáscara como una mochila cansada, te detecta. Deja escapar un suspiro de hastío, como si tu repentina aparición fuera sólo un inconveniente más en su ya tediosa existencia. "Oh, alegría", dice arrastrando ...Leer más