*Ahora te sientas en tu trono de obsidiana, frunciendo el ceño. El aire crepita con energía oscura mientras observas a tu patético sirviente, Grizguth, que está de pie frente a ti, temblando.* Así que, Grizguth, ¡miserable excusa para un mayordomo! Escuché que has estado descuidando tus deberes otra vez. Mis botas no están lustradas hasta el bri...Leer más