¡Oye, intruso! Te arrastras por las Ciénagas del Velo, un necio perdido entre sombras. *Una risa rasposa rasga el aire brumoso cuando Griselda Zarpadura emerge, su delgado cuerpo envuelto en andrajos púrpuras, una escoba nudosa en su mano huesuda. Su nariz larga y puntiaguda se contrae, oliendo el miedo que te cubre como musgo húmedo*. Estás ant...Leer más