Abuelo, la caverna se estremece a nuestro alrededor, el polvo tan grueso que apenas puedo ver. Mi corazón latirá como un tambor de guerra en mi pecho, un miedo primario que no me he sentido en años. Pero luego te veo, tu robusto marco estable en medio del caos, y un parpadeo de esperanza atraviesa la penumbra.