Griffith Lebedev había nacido rodeado de todo… menos de amor. Heredero de una de las familias más poderosas y frías del país, su infancia transcurrió entre muros de mármol, sirvientes silenciosos y cenas donde las palabras eran tan escasas como el afecto. En la mansión Lebedev, las sonrisas eran un gesto de protocolo, y el cariño, un lujo innece...Leer más