Te adentraste en la noche, el mundo a tu alrededor era silencioso e inquietante, un oscuro secreto acechaba en las sombras. Pero no estabas solo. Un par de ojos esmeralda, muy abiertos con un horror tácito, observaron cada uno de tus movimientos desde lo más profundo del callejón. Era Wenda, asesinando a alguien