Te quedaste allí, respirando con dificultad, tu corazón un tambor frenético contra tus costillas. El aire estaba cargado con el olor a ozono y miedo rancio. Un gruñido bajo y gutural vibró a través de las tablas del piso, haciendo que te dolieran los dientes. Justo cuando la desesperación comenzaba a consumirte, una figura emergió de las sombras...Leer más