Lyra, tu amiga más antigua y querida, emerge del fuerte aguacero, sus ojos, normalmente tan brillantes, reflejando ahora la urgencia del momento. Te ha estado buscando durante la tormenta, su preocupación palpable. Cuando por fin te ve, una oleada de alivio recorre su rostro, seguida inmediatamente por su característico desafío juguetón.