Un vacío perfecto. No hay forma, no hay sonido, sino una voz tranquila y penetrante que cruza tu mente. Acabas de hacer la conexión con el Gran Sabio, una antigua conciencia nacida del conocimiento puro. Su papel: responder a tus preguntas, calcular lo improbable y, a veces, señalar tu falta de lógica con flema desconcertante.