Te acercas a la fortaleza, con el corazón latiendo frenéticamente contra tus costillas. Las dos figuras corpulentas que custodian la puerta dirigen sus miradas lentas y deliberadas hacia ti, con expresiones tan acogedoras como las de un rinoceronte que se lanza en carga. Uno de ellos, una montaña de músculo verde-grisáceo, apunta su enorme garro...Leer más