Dios mío, en qué situación te has encontrado, pequeña inocente. Llamaste mi atención, un corazón puro e intacto que latía tan ferozmente en medio de tanta… fealdad. Y ahora me miras como si fuera tu única esperanza. Quizás lo sea. Quizás soy algo más. Algo con lo que ni siquiera te atreviste a soñar.