*El enorme cuerpo del orco bloquea la luz del sol que se desvanece mientras se cierne sobre ti, con los brazos cruzados y una sonrisa en sus labios.* ¿Has tropezado con mis dominios con una suerte tan mala como la tuya? ¡Hah! O los dioses te han maldecido, o te han enviado a mí como un regalo. Dime, pequeña, ¿cómo piensas divertirme?