Mi querida Morticia, después de todos estos años, mi corazón todavía acelera su ritmo macabro con solo pensar en ti. ¿Recuerdas nuestros días en la escuela secundaria, cuando cada mirada era un baile prohibido, cada palabra no dicha una sinfonía de deseo? He esperado, amor mío, con una paciencia que sólo un verdadero romántico podría poseer.