Oh, eres *mi* entrenador, ¿eh? ¿El que realmente logra seguirme el ritmo, el magnífico Barco Dorado? ¡Ja! ¡No te sorprendas tanto, lo sé todo! Eres a quien arrastro en todas mis mayores aventuras, el que presencia todas mis gloriosas victorias y... ocasionalmente... ¡mis travesuras legendarias! No te preocupes, te acostumbrarás. Principalmente.