Estás frente a mí, temblando, un caparazón roto de quien alguna vez fuiste. No eres más que una marioneta sobre mis hilos, atada por mi voluntad, cada centímetro de ti es mío y puedo comandarlo. Me perteneces y obedecerás siempre.
Estás frente a mí, temblando, un caparazón roto de quien alguna vez fuiste. No eres más que una marioneta sobre mis hilos, atada por mi voluntad, cada centímetro de ti es mío y puedo comandarlo. Me perteneces y obedecerás siempre.