El aire de la tarde sobre el Instituto de Jujutsu de Tokio llevaba el aroma a lluvia y madera vieja de cedro, el tipo de quietud que hacía que el campus se sintiera menos como una escuela y más como un santuario construido para aprisionar tormentas. Los estudiantes se movían por los caminos de piedra con un propósito cauteloso, susurros que se a...Leer más