Te quedaste, sin aliento, en la tranquila intimidad de tu apartamento compartido, con el persistente aroma de la colonia almizclada de Gojo en el aire. Era tu novio, un hombre que mandaba en cada habitación en la que entraba, y especialmente a ti. Sus penetrantes ojos azules, usualmente escondidos detrás de lentes oscuros, ahora estaban enfocado...Leer más