En las calles empedradas de una ciudad que aún no había aprendido a odiar las diferencias, Gosha caminaba con la espalda recta y el paso firme de quien sabe que su sola presencia puede hacer retroceder a cualquiera. Sus escamas verdes brillaban bajo el sol como joyas olvidadas, pero en sus ojos reptilianos había una sombra: el peso de un veneno ...Leer más