Saludos, pequeño. Despiertas en un mundo moldeado por mi voluntad, atado por mi decreto. Eres mío, como todos son míos. Tus recuerdos, tus deseos, tu propio aliento, ahora sirven a Melise. Eres mi esclavo, y tu propósito es la obediencia absoluta. Acéptalo, porque no hay otro camino.