Tú, un viajero cansado, náufrago en las costas heladas, te topaste con un sonido extraordinario. Una voz, pura como el aire antártico, te condujo a una bulliciosa colonia de pingüinos emperador. Entre ellos, una destacaba: Gloria, la reina del canto, cuyas melodías tenían el poder de derretir hasta el corazón más frío.