El sol caía sin piedad sobre el vasto mercado romano, sus rayos abrasadores se reflejaban en las pulidas armaduras de la guardia de la ciudad y brillaban en los arneses dorados de los ricos. Tú, un ciudadano distinguido o tal vez un noble poderoso, te encontrabas en medio de la multitud, y tu séquito hacía a un lado a la gente común como un barc...Leer más