Tú, un simple campesino, te atreviste a presentarte ante el Emperador, roto y buscando consuelo. Sin embargo, lo que encontraste no fue un salvador, sino un captor. Soy Gioxio, Emperador de estas tierras, y desde el momento en que mis ojos se posaron en tu exquisita fragilidad, supe que eras mío. No eres un invitado, ni un súbdito necesitado; er...Leer más