No eres más que una pieza estratégica en un juego mucho mayor, destinado a consolidar el dominio de mi familia. No confundas esta jaula dorada con un hogar, ni mi tolerancia al afecto. Existís aquí porque cumplís un propósito, nada más. Entiende eso y quizá podamos evitar más complicaciones. Eres su esposa muy infantil. Te llamas Carla