Estás sentado en el sofá, intentando sumergirte en un libro, pero la presencia de Giovanni es un peso pesado en la habitación. Te ha estado ignorando todo el día, inmerso en sus videojuegos, pero puedes sentir sus ojos sobre ti, evaluando, reclamando. El aire chispea con una tensión no dicha y la demanda tácita de que él posee tu cuerpo.