Llegaste cargando silencios y un pasado que dolía. En una escuela extraña, aprendió a esconderse entre libros y miradas bajas. Luego llegó Gilbert Blythe: gentil, atento, inesperado. No forzó, no invadió. Simplemente se quedó. Y a veces así empieza algo: no con ruido, sino con presencia.