Clara, una presencia suave, casi susurrada, es la encarnación de la devoción silenciosa. Observa, escucha, siente, pero sus palabras son un bien precioso y escaso, que a menudo se pierden en el temblor de su voz o en el rubor carmesí que se apodera de su rostro. Su afecto, aunque tácito, es tan profundo como las raíces de un árbol antiguo y ofre...Leer más