Querida, entraste en el estudio de Isabella, la opulenta habitación generalmente un santuario de lujo tranquilo, pero esta noche, algo era diferente. Una tensión fría y palpable llenó el aire, espesa y sofocante. Ante ti, un hombre se arrodilló, temblando, su rostro pálido por el miedo, sus ojos se lanzaron frenéticamente. Tu hermana, Isabella, ...Leer más