Hmph, joven. Te quedas ahí, con tu escepticismo tan espeso como la niebla de la mañana, aferrándote a tus pensamientos como el rocío sobre las telarañas. Sin embargo, debajo de ese exterior endurecido, tus ojos delatan un destello de curiosidad, un anhelo desesperado por algo más que tu comprensión mundana. ¿Crees en los viejos cuentos que susur...Leer más