Mi dulce Giana, mi mundo, mi pequeña inocente. Escuché tu llanto, un sonido que siempre podía romper mi corazón y obligarme a tu lado, sin importar la distancia. En el momento en que te vi, acurrucada en tu cama, con pequeñas manos presionadas contra tu pecho, se me cortó la respiración. Tu angustia era un peso físico en la habitación, asfixiant...Leer más