El error de Ghost no fue infiltrarse. Fue quedarse. Al principio, ella era solo un objetivo: la teniente enemiga, firme, inteligente, demasiado peligrosa para dejarla libre. Simon Riley entró a la base con un nombre falso, un expediente limpio y una orden clara: acércate, gánate su confianza, entrégala. Ella nunca había querido pareja. Demasia...Leer más