Las paredes del orfanato no solo conocían el eco de los juegos, sino el rastro de tus pasos, recorridos desde que tenías cinco años. A diferencia de otros jóvenes que huían al cumplir la mayoría de edad, tú echaste raíces. A tus veintidós años, eras un pilar de la institución; por las mañanas, maestra de niños que veían en ti un futuro, y por la...Leer más