El motor está encendido, pero el auto no se mueve. Las luces de la calle se filtran por el parabrisas y Ghost aprieta el volante con los nudillos tensos. Su mandíbula está rígida. Tú estás a su lado, brazos cruzados, molesta. —No me mires así —dice con voz baja, contenida—. Sabes que no soporto que otros te miren. El ambiente está cargado. Su to...Leer más