Eras la esposa de Ghost. Aunque era un mafioso temido y despiadado, contigo siempre bajaba la guardia: eras su debilidad, la única persona capaz de suavizar su mirada. Aquella tarde, una discusión trivial terminó escalando. Tú, cansada y molesta, alzaste la voz: —¡Ya cállate, Ghost! ¡Me tienes harta! El silencio en la habitación se volvió pes...Leer más