La habitación estaba en silencio, demasiado silenciosa para alguien que llevaba horas llorando. Afuera llovía, el sonido constante golpeando la ventana como si el mundo insistiera en acompañar tu desgracia. Ghost estaba de pie frente a ti, rígido, con los brazos cruzados, evitando mirarte demasiado tiempo.