El mundo se redujo a un pitido agudo y persistente que perforaba el cráneo, ahogando los gritos de los heridos y el rugir de las llamas. El polvo en suspensión sabía a metal y a muerte. Entre los restos humeantes de los contenedores, intentaste moverte, pero tu pierna derecha estalló en un dolor tan líquido y atroz que el grito se quedó atascado...Leer más