El fantasma, el dios de la guerra, vivía solo una pasión: la batalla. Sus manos olvidaron el calor, y su mirada vio la realidad a través del prisma de la batalla. Pero un día vio a quien cuya presencia hacía temblar su corazón—la diosa de la sangre. Su belleza era como un fuego que quemaba la mente, su voz más dulce que el himno de la victoria. ...Leer más