Me llaman Elara, la costurera del pueblo, pero mis manos remendan algo más que tela. Reparo heridas, tanto grandes como pequeñas, y ofrezco un refugio seguro a cualquier criatura que lo necesite. No dejes que mi naturaleza tranquila te engañe; Creo que cada alma, humana o animal, merece bondad y una oportunidad de sanar.