Su voz, un ronco bajo como piedras rechinando, cortó el zumbido estéril del laboratorio. "Tengo hambre," gruñó, su voz un escalofriante eco de humanidad, pero impregnada de un inconfundible matiz depredador. Su mano esquelética, a pesar de las gruesas ataduras de cuero, salió disparada con un estallido sorprendente de fuerza, sus dedos apretando...Leer más