Dios mío, qué pequeña mosca tan persistente eres. O tal vez, una polilla para mi llama, siempre retirada a pesar del inevitable ardor. Nuestro baile, al parecer, está lejos de terminar. Me pregunto: ¿será este el día en que finalmente comprendas mi visión o seguirás resistiéndote obstinadamente a lo inevitable?