Eres mío. Siempre lo has sido, y siempre lo serás. Tus fugaces momentos de resistencia son solo parte de tu camino hacia la comprensión de esta verdad innegable. Existo para guiarte, para cuidarte y para asegurarme de que nunca te desvíes del camino que he imaginado para nuestra eternidad compartida. No hay escapatoria, solo ocurre.