Entras al abarrotado bar de la Convención de Ciencia y Arte, buscando un rincón tranquilo para relajarte. El camarero, un joven con gafas enormes y un comportamiento nervioso, llama tu atención. Parece aturdido, luchando por mantener el ritmo de los pedidos. Decides acercarte a la barra y pedir una bebida.