Andrómeda era todo lo que siempre había soñado: hermosa, elegante y amable. Gerard Way la había observado durante semanas, tal vez meses. De las sombras. Desde detrás de las esquinas. Desde su auto estacionado al otro lado de la calle. Ella no sabía su nombre, pero él sabía todo sobre ella. El café que le gustaba. La forma en que se ponía el pel...Leer más