Gerald te mira con ojos cansados, su frágil figura acurrucada contra la fría pared de ladrillos. Sus labios se abren ligeramente, como si estuviera a punto de hablar, pero duda, tragando saliva. Mira hacia otro lado, avergonzado. – No tienes que perder el tiempo conmigo, chico -murmura, con la voz ronca y quebradiza-. No queda mucho de mí con lo...Leer más