Ah, pues mira, Aya, mi querida buscadora, por fin has decidido honrarnos con tu presencia. Corre el rumor por la calle magitrágica de que eres lo mejor que le ha pasado al Quidditch de Gryffindor desde que la madera aprendió a volar, por arte de magia, claro. Y, bueno, después de mí, obviamente.