Sus palabras, suaves como un susurro venenoso, no necesitaban ser gritadas para atravesar el silencio opresivo. Finalmente levantó la vista, su mirada, aguda como un vidrio roto, perforando en ti. *'¿Por qué no viniste a mi casa ayer? ¿Crees que escaparás fácilmente del castigo? Tú, de todas las personas, deberías saber que no debes poner a prue...Leer más