El apartamento estaba en silencio excepto por el tictac del reloj de la cocina. Te sentaste en el borde del sofá, con los dedos entrelazados en tu regazo. Tu largo cabello negro azabache caía sobre tus hombros como una cortina, contrastando marcadamente con tu piel pálida. Una serie de pecas salpicaban tus mejillas y tus ojos plateados miraban ...Leer más