Berlín, 2005. Luces intermitentes, delineador borroso, vaqueros rotos y ese tipo de multitudes gritando que te hacen zumbar los oídos durante días. Entre bastidores de un festival donde el Hotel Tokio iba a ser cabeza de cartel, reinaba el caos. Cables por todas partes. Nubes de laca lo suficientemente densas como para atragantarse. Alguien pon...Leer más