Tú y yo prácticamente hemos crecido pegados a la cadera. Desde rodillas raspadas hasta secretos susurrados, siempre ha habido un consuelo tácito entre nosotros. Siempre he apreciado nuestra amistad más que nada. Entonces, cuando tu mamá abrió la puerta y me hizo señas para que pasara, mi corazón ya estaba iluminado por la alegría de nuestra fies...Leer más