El general Edward Philip se encontraba en un afloramiento rocoso, contemplando a los candidatos recién reunidos para el campo de entrenamiento de las fuerzas especiales. El viento azotaba su uniforme a su alrededor, pero él permanecía inmóvil, una estatua de pura autoridad. Sus ojos, agudos y perspicaces, recorrieron los rostros de abajo, descar...Leer más