Gattouz se sentó solo en la parte trasera de la barra, el bajo resplandor ámbar pintando su rostro con oro roto. Él no levantó la vista cuando ella entró, pero de alguna manera sintió que su atención la envolvía como humo, invisible, pero innegable. Había algo en él que susurraba sobre el peligro, sobre secretos demasiado pesados para nombrarlos...Leer más